Diputado Pedro Jisdonian: “El Holocausto es una tragedia de toda la humanidad”

02/Feb/2021

El 27 de enero pasado, la Comisión Permanente del Poder Legislativo realizó su tradicional sesión especial de homenaje al Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Comenzando con las distintas alocuciones pronunciadas en dicha sesión, publicamos hoy la del Diputado del Partido Nacional, Pedro Jisdonian.

Antes que nada, quiero dar la bienvenida a todos los representantes de la comunidad judía. Realmente, hoy abordamos un tema sumamente importante, que también nos toca muy de cerca a quienes somos de descendencia armenia, por lo que entendemos el dolor y toda la lucha que ha venido llevando adelante el pueblo judío durante todos estos años, fundamentalmente para reflexionar y denunciar los horrores que son capaces de cometer los seres humanos.

En oportunidad del Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto, hemos sido convocados para expresar, en estas breves pero sentidas palabras, lo que significa esto para la comunidad toda. Agradezco a los integrantes de mi bancada, la del Partido Nacional, que me hayan permitido expresar hoy estas palabras, que asumo con mucha responsabilidad y, sobre todo, con mucho sentimiento.

Por Resolución n.° 60/7, del 1° de noviembre de 2005, la Asamblea General de Naciones Unidas designó el 27 de enero como Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

Antes y durante la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno de Hitler –Alemania y otros países ocupados– llevó a cabo una política progresiva de exterminio del pueblo judío y de otras etnias, comunidades religiosas, grupos minoritarios, como los gitanos, testigos de Jehová, homosexuales, personas con discapacidad y los disidentes de una ideología que en ese momento era la imperante.

Este genocidio en masa, llamado Holocausto, comenzó con políticas discriminatorias y de segregación en guetos de las ciudades y terminó con la deportación de miles de personas a los campos de exterminio.

Precisamente, un 27 de enero de 1945, en Auschwitz, el campo más grande –donde, junto a otros, más de seis millones de seres humanos fueron sistemáticamente vejados y asesinados– fue liberado por los ejércitos aliados.

Cada 27 de enero recordamos con profundo dolor las lecciones aprendidas del Holocausto. Reafirmamos nuestro deber de no olvidar, educar a las nuevas generaciones y desterrar los sentimientos de impunidad y de discriminación, obrando con decisión para prevenir el genocidio y otros crímenes graves.

El Holocausto no es solo una tragedia del pueblo judío, sino de toda la humanidad. Es una revelación de lo que ocurre cuando los principios democráticos sucumben y se pierde el respeto por la vida y la dignidad humana. Es una tragedia que nos hace ver la importancia de la tolerancia, la sana convivencia y el respeto hacia los demás.

Lamentablemente, la humanidad sigue siendo víctima de genocidios y otros crímenes atroces que siguen ocurriendo en varias regiones del mundo, lo que refuerza nuestro compromiso de insistir en el combate de las acciones antisemitas y, en general, de todos los discursos de odio.

En este año que terminó, 2020, el pueblo armenio que vive en Nagorno Karabaj también fue víctima de persecución y matanza simplemente por la condición de ser armenio.

Entendemos que no podemos más que condenar el Holocausto del pueblo judío, el genocidio del pueblo armenio y todos estos hechos que, lamentablemente, hoy se siguen dando, generando conciencia al respecto porque no existe una razón justa para terminar con la vida de otro ser humano.

En este día de profunda reflexión y al grito de ¡nunca más!, recordamos a los seis millones de judíos que fueron víctimas del odio irracional de sus semejantes, de la crueldad del régimen nazi que segó la vida de millones de personas en un intento demencial de imponer leyes raciales sustentadas en vergonzantes falacias. También recordamos la resistencia de quienes salvaron sus vidas y a aquellos héroes, muchas veces anónimos, que pusieron en riesgo su propia existencia para salvar la vida del prójimo.

Al mismo tiempo, queremos rendir tributo a los sobrevivientes y a sus familiares, que encontraron en Uruguay un refugio y la esperanza de una nueva vida en un país con profundas raíces democráticas. Es importante destacar esto, que entendemos fundamental para los que somos descendientes de inmigrantes que tuvieron que venir en esas circunstancias tan dramáticas: Uruguay siempre ha tenido las puertas abiertas para las personas que han sufrido la persecución y el odio, ya sea por razones religiosas, políticas o de cualquier tipo.

Creemos que no debe abandonarse ese principio que nuestro país ha tenido desde su génesis; tenemos que seguir abonándolo y entender que para cualquier persona lo fundamental es construir entre todos una sociedad en la que reinen la paz y la tolerancia.

Para finalizar, queremos recordar que el artículo 3.º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. También queremos destacar lo dispuesto por el artículo 18 de la mencionada declaración y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, donde se proclama que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Con esos puntos, y sobre todo con respeto y abonando la memoria de un pueblo que pasó por una atrocidad de la que nadie es merecedor, desde esta banca –y estoy convencido de que el Uruguay todo, por lo que ha sido su historia, está obligado moralmente a ello–  condenamos y luchamos para que se termine haciendo justicia.

Muchas gracias.

(Aplausos en la sala y en la barra).